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En la estación

Posted in Cuento, This is not funny with tags , , on 18/06/2015 by Angel Bloodjunkie

Provino de un día inesperado.

Semanas de caminarme en la cabeza. La mañana pesarosa cambia en algo más.

Me encontraba ocupando un lugar y momento que no me pertenecía, pues el encargado de la compañía para hacer el viaje, Adrián Marsen, recién había muerto de un accidente de automóvil. Adrián. Bendito sea.

Fuera de mis expectativas, más dentro de las posibilidades, Cecilia Heartburn llegó a tomar lugar junto a mi en la Estación de Santa Apolonia, donde esperaba mi tren nocturno hacia Madrid.

A pesar de haber trabajado varios meses en el mismo lugar e incluso haber intercambiado un par de comentarios, eramos poco más que ajenos.

En ese momento, más que en cualquier otro, me esforcé por no mirarle.
Ella tampoco me miró.

Sentí la garganta cerrarse, ahogando un grito.
Las piernas colapsar al reprimir el impulso de salir corriendo.
Y el pecho (¿aún era mi pecho?) reventar y desbordar.

Tomé varias-malas decisiones:

Como espiarle sonrisa, escudriñando de un borde al otro, buscando los detalles menos manifiestos.
Temblé y a la vez arrojé, torpe y estérilmente, comentarios que fueron sofocados fácilmente por la voz de la estación.
Sufrí mi obstinación de pensar que obtendría respuesta.

Ella simplemente existía, y miraba y respiraba. Junto-pero-no a mi.

Su mirada no se posaba en mí, aunque a momentos podía sentir el ardor de la misma, rosándome el alma cada que veía detrás de mi o sobre mi cabeza. Parecía buscar a alguien.

A momentos se levantaba o inclinaba con el mismo afán de la búsqueda, momentos que por excelencia eran los más injustos con mi corazón, pues su blusa de talla exacta hacía asomar destellos de su vientre y espalda baja quienes, sin miedo a apostar mil fortunas, sabrían a mar y atardecer.

Cada segundo hacía aumentar mi fiebre, y con ella el miedo a que fuera incurable.
El aire que salía a suspiros no parecía volver a entrar.

Adrían. Bendito sea.

Mi mente, decidida a escapar, se disparaba en múltiples direcciones. Todas ellas terminando en el mismo punto.

Actué, tomando mi libro y clavando los ojos en él, pero ellos se arrancaban de forma violenta y de vuelta al sol.
Me empeciné en cerrarlos, pero no bastó con que mis ojos dejaran de verla para dejar de observarla. Aún percibía a la perfección el calor de su mirada, que paró de pronto y justo en la portada de mi libro.
Gradual pero rápido sentí el libro encandecer en mis manos. Estuve a punto de soltarlo.

Para ese momento no quedó opción. Tomé una hoja y una pluma y, sepultando el momento entero en palabras, me dispuse a levantarme, pues el llamado de mi tren había sonado hace más de 5 minutos.

Súbitamente (y más de lo que la palabra misma puede expresar) la entropía del Universo dio marcha atrás, ella se dio vuelta hacia mi y preguntó:

—¿Qué escribes?

Y despertó

Posted in Cuento with tags , , , , on 18/08/2014 by Angel Bloodjunkie

 

 Con energías apenas suficientes para preparar el café más grande que pudo, superando sus bajas expectativas sobre trascender a la hora del desayuno (o quizá un poco más tarde).
La taza olía a plástico quemado y el sabor era algo poco menos decepcionante, por su mente reptaba el último contacto tibio que tuvo en los labios.
Se aventuró, y con una leve arritmia en su palpitar, agregó un par de cucharadas más de azúcar. Tal vez así las palabras serían menos amargas. Un minuto más en el microondas. Tal vez así el frío abandono no le haría doler la cabeza.

En el trayecto tremuloso de la mesa a la boca tocaron a su puerta, él rodó en esa dirección con le ímpetu de un neumático desinflado. Escuchó las palabras del vendedor, y casi se emocionó esperando el momento de decir “no” y volver a su bullente taza de mañana sin sol.

Cerró la puerta, caminó y se sentó, todo como en un sólo movimiento.
La taza de humeante agua estancada había, probablemente, duplicado su tamaño.
Pudo ver entonces su reflejo; el vapor, y sólo el vapor, humedeció sus ojos. Éstos que en el reflejo, con una cautela ciega, le invitaban a parpadear.
Para ese momento la pequeña tina era no menos que eso, y además de dolor, su cabeza parecía haber comenzado a adquirir una cualidad propia del plomo.

Cuando reparó en el asunto, sintió ya el sumergir hasta la tercera vértebra lumbar, y sus manos decepcionaron aferrándose al borde de aquél recipiente de, aparentemente, 619 galones.

A pesar de la velocidad de su hundimiento, su cabeza perdió la carrera ante el descenso del fondo oceánico, y esa era la explicación definitiva, pues nunca termino de caer. Y mientras pequeñas burbujas bailaban cosquilleando un poco sus labios en el escape al norte, pronunció una última, ahogada palabra.

“No”.

Y despertó.

Larry, la célula

Posted in Cuento, This is not funny with tags , , on 12/08/2012 by Angel Bloodjunkie

Larry la célula se encontraba a la orilla del puente estatal, las autoridades ya habían asegurado la zona y el Teniente La Mont intentaba negociar con él:

—Tranquilo Larry, sólo dame unos minutos, sólo unos minutos para hablar. Habla conmigo Larry.
Larry, sin dejar de mirar hacia abajo, comenzó a hablar:

—La soledad corrompe hasta el alma más pura, pues hemos sido educados para esperar todo menos una cama vacía, una comida silenciosa o un sillón frío demasiado grande para el que prepara una ración individual de palomitas.

Hemos de buscar la compañía de los semejantes, y asemejarnos a los ajenos, sólo por tener un par de pasos más acompañandonos de vuelta  a casa.
Hemos de llamar por teléfono, y apresurarnos y emocionarnos al ser llamados.

Reímos, lloramos y bostezamos, pues somos autómatas de la empatía.
Opinamos, peleamos y apoyamos, ya que el alma no respira sin una mano en el hombro, una palmada en la espalda ni una invitación para el término de la semana.

Necesitamos ser necesitados, aparecer en listas y fotos y anécdotas, o al menos lo actuamos a la perfección.

Yo no encuentro mi lugar, ni tampoco mis deseos de hacerlo.
No me encuentro solo, pero mentirme así me provoca un pesar aún más profundo, aún más abrasivo…

Me reconozco derrotado, ya he decidido renunciar.

Larry aflojó poco a poco sus músculos, soltándose de la realidad, perdiéndose en el viento, encontrándose en el suelo.

Un organismo unicelular no se parece a la célula de un organismo pluricelular. El unicelular es un ser vivo, completo, con vida independiente, mientras que la célula de un individuo pluricelular sólo puede vivir dentro del “ser” al que pertenece.

Para Diana, compañera de mi eterno sueño.