Archivo para 05/08/2017

Sal. Corre.

Posted in Cuento, This is not funny on 05/08/2017 by Angel Bloodjunkie

Me decidí a salir a correr a la vez que el Sol había decidido salir para humillarme.

El día anterior había bebido demasiado, aún cuando me había prometido no hacerlo de nuevo. No me soporto cuando estoy borracho, pues todo respecto a mi me avergüenza más de lo normal.

Pasaban de las dos de la tarde y de lo único que me había alimentado era de la piel de mis labios resecos, no llevaba más de 5 minutos fuera de mi casa y ya me había empezado a doler la cabeza. Me di cuenta que tenía miedo de estar en la calle.

Llegué al parque y todo me resultaba horrible: La sobra de los árboles, las personas con sus perros y la canción de Bowie que sonaba en ese momento en mi cabeza.

Hay veces en que me pongo demasiado borracho y siento que estoy por perder la cordura, entonces mi cabeza comienza a repetir una y otra vez la estrofa de alguna canción, como si ésto fuera lo único que me mantiene aferrado a éste plano existencial. Entonces estoy ahí, soportando las convulsiones de un estómago que no tiene nada más que vomitar, y cantando.

Comencé a correr y a lamentarlo; había partes con demasiado lodo y otras con excremento de perro. Mis pulmones ardían y ni siquiera tenía fuerza para mantener mis brazos a la altura del pecho porque, según yo, así es como corre la gente. Comencé a correr con los brazos caídos.

Llevaba dos vueltas y tenía nauseas. La cara me hormigueaba. No quería vivir ni tampoco morir.

Terminando la tercera vuelta me percaté de que en una de las bancas había dos hombres mayores, o más bien viejos, hablando. Uno estaba sentado y frente a él estaba el segundo en una silla de ruedas. La imagen de sus piernas inertes me golpeó el cerebro.

Toda la energía volvió a mi en un segundo, sentí mis músculos oxigenarse y tensarse de una forma innegablemente viril. Sentía el júbilo y la excitación de haber asesinado a 600 dioses.

Corrí 5 vueltas más a toda velocidad e hice planes para el futuro. Me sentí agradecido con mi vida y con las flores. Decidí detenerme e ir a casa.

Después de todo ya había humillado suficiente al anciano en la silla de ruedas.