Lo sé porque Alex lo sabe

Era un jueves. O un viernes. Las 4 o 5 de la tarde. Era el tipo de día en que no se está muy seguro de nada.

Eduardo caminaba por el departamento. Estaba emocionado. O nervioso.

—Hace ya una hora que le envié el mensaje invitándola a salir. Va a contestarme en cualquier momento…

Alex estaba sentado en el sillón jugando videojuegos. Era probablemente su tercer día jugando ininterrumpidamente. Bebía de una botella de cerveza tamaño familiar. Se preguntaba si las familias hacían eso seguido.

—Eres patético—tomo la botella por el cuello—, la gente lleva consigo su celular hasta para cagar, si tuviera intenciones de siquiera decirte que “no”, ya lo habría hecho… ¿ya te dije que eres patético?— Inclinó la botella hacia su boca y bebió.

Eduardo seguía caminando de un lado a otro del pequeño departamento como si no hubiera escuchado. Pero sí lo había hecho. Terminó por sentarse en una silla del comedor y comenzó a jugar con las servilletas.

—Puedo atrasarme un poco con la renta de este mes y llevarla al cine, o tal vez a comer. ¿Qué podría gustarle más?

Alex midió mal el salto y no alcanzó a caer en la plataforma final del nivel. En la pantalla se leyó “GAME OVER”. Le dio otro trago largo a la cerveza y dijo en tono irónico: —Oh, no lo sé, podrías preguntarle a su prometido. Sí recuerdas que tiene un prometido, ¿no?

Eduardo se levantó de la silla y caminó hacia la ventana. Estaba bañado y perfumado, y llevaba la playera que, según él, se le veía mejor.

—Sólo necesito tiempo, eventualmente se dará cuenta de que mi amor es tan profundo como sincero.

Alex hizo una mueca.

—Tienes la cabeza “profundamente” insertada en tu propio recto, ¿cómo puedes no darte cuenta?

Eduardo contemplaba las nubes y esas pequeñas casitas prendadas de las faldas de los cerros.

—Le he escrito un poema, ¿quieres escucharlo?

—¿Qué eres autista?

Eduardo sacó de su bolsillo una hoja de cuaderno doblada en cuatro. Se apresuró a desdoblarla y, mientras lo hacía, uno de los bordes le cortó la yema del pulgar derecho. Alex lo sintió.

—Si he de velar mil noches, si he de correr mil días…

—¿Es en serio?

—Si he de prenderme fuego y sellar todas las salidas…

—Detente—. Alex perdía la paciencia.

—Si he de añorar tus manos, si he de rogar tus besos…

—No—. La vista de Alex se nublaba.

—Si he de vender mi alma, si así me darás consuelo. Si he de lleva…

—¡Cállate! —Alex soltó el control —En serio que eres imbécil. No va a “darse cuenta” de tu amor. Lo sabe, lo sabe y no le importa. Mientras tú fantaseas ella probablemente está teniendo sexo con su novio. Tú estás solo y demasiado asustado para entender que estás jodido desde que naciste en un mundo triste y sin Dios. Sin significado ni propósito, en donde terminarás por morir y ser olvidado, y tampoco tendrá ninguna importancia. Así que puedes empezar por aceptarlo y callarte.

Tomó nuevamente el control. Estaba lleno de sangre.

Eduardo seguía mirando por la ventana como si no hubiera escuchado. Aún si no lo hubiera hecho, lo sabía porque Alex lo sabía.

Sonó un mensaje en su celular.

Era su casero pidiendo la renta.

Blood-controller

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