Victoria

Llegó con las lunas de octubre, y para los vientos fríos de diciembre seguía ahí: alojado en mi pecho como una bala entre el tejido muscular. Jugando con el tiempo como un niño con un reloj. Mañanas fugaces seguidas de tardes longevas. Noches perpetuas. Provocando que el hombre esté tan enfermo como puede estar sin estarlo realmente. Una lluvia invisible que empapa el alma y  la hace sentir pesada. Un corazón tan agotado que late más rápido que nunca.

silenthill

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