The One

Un pequeño número de féminas han portado este título, algunas con pena, otras sin saberlo, otras sin querer saberlo, pero una vez que son nombradas así es difícil que lo abandonen. Como ese apodo hiriente de la secundaria. Lo llevarán un largo periodo.
Aunque intenten arrancárselo no lo lograrían, nada podría borrarlo, esconderlo, disimularlo, no hasta que llegue alguien más, alguien a quién pasarle la estafeta, o la piedra toneládica(acabo de inventar esa palabra).

Su nombre deja de ser una palabra como cualquier otra; tiene una fisono mía especial, una vida; es dulce y santo; no se pronuncia más que bajando los ojos y la voz. Cuesta trabajo pronunciarlo, como si llevara una marca indiscreta de nuestro amor y fuese a traicionarlo. Pero gusta oírlo, porque es mejor que un sonido, es una voz, y cuando se lo ve escrito, a nuestros ojos lo acompaña el rostro amado.

No me importaría morir en este momento, mientras pueda recordar sus ojos y su voz suave, que penetra mi corazón entre todas las voces.

Por primera vez me siento impedido a seguir escribiendo. Nada de lo que pueda escribir aquí cambiará nada y sólo seguiré enterrando más profundo la espina, que ya parece ser una extensión más de mi corazón.

Tal vez otro momento, otra circunstancia…

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