9/6/18

Posted in Uncategorized on 30/06/2018 by Angel Bloodjunkie

Te extraño
y extraño tus labios
la incertidumbre se mezcla con fe

Te extraño
y extraño tus ojos
la vida y lo que soñé

Te extraño
tu piel bajo mi mano
lo que falta y lo ya hecho

Te extraño
lo digo, lo hago
vuelve, pues atardece en mi pecho

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Búsqueda

Posted in Cuento on 09/04/2018 by Angel Bloodjunkie

Habíamos viajado por muchas horas en la carretera.

Me preguntaba si valía la pena. ¿Estaba yo buscando algo?

El sol me parecía imprudente.

Llegamos a un pequeño pueblo que no debía rebasar los 800 habitantes. Era irreal.

Subimos al campanario de la iglesia. ¿Qué buscaba yo ahí?

Ella se inclinó sobre la pequeña barda para mirar hacia abajo. Entonces yo lo sentí como un golpe.

¿Qué era?

Un pavor repentino. Imprevisto. Mi corazón estaba aterrado por la improbable posibilidad de que ella pudiera caer. Era absurdo. Pero yo lo sentía.

¿Había encontrado algo?

En mi pecho parecía haberse abierto un hueco. Mi garganta se había cerrado.

Ella me importaba.

Un ave partía el cielo de forma diagonal. Parecía hacerlo sin esfuerzo alguno.

Los rayos del sol hacían brillar su cabello como nunca.

No, yo no buscaba nada, pero la había encontrado a ella.

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Despedida

Posted in Uncategorized on 04/02/2018 by Angel Bloodjunkie

Estabas aquí. Ahora ya no.

Corriste hacia la noche. O ésta te llevó.

Cuando menos había de esperarlo. Y es que nunca lo habría hecho.

Corrí a buscarte y creí haberte encontrado. Miramos en nuestros ojos.

No parecías tú, o no lo eras, pues cuando di un paso adelante te diste vuelta y huiste.

No eras tú, o no quisiera que lo hubieras sido.

Te extrañamos en casa y mis ojos aún te buscan de día o de noche.

Dejaré la puerta abierta, y es que si no vuelves, tal vez escape también tu recuerdo.

 

Sal. Corre.

Posted in Cuento, This is not funny on 05/08/2017 by Angel Bloodjunkie

Me decidí a salir a correr a la vez que el Sol había decidido salir para humillarme.

El día anterior había bebido demasiado, aún cuando me había prometido no hacerlo de nuevo. No me soporto cuando estoy borracho, pues todo respecto a mi me avergüenza más de lo normal.

Pasaban de las dos de la tarde y de lo único que me había alimentado era de la piel de mis labios resecos, no llevaba más de 5 minutos fuera de mi casa y ya me había empezado a doler la cabeza. Me di cuenta que tenía miedo de estar en la calle.

Llegué al parque y todo me resultaba horrible: La sobra de los árboles, las personas con sus perros y la canción de Bowie que sonaba en ese momento en mi cabeza.

Hay veces en que me pongo demasiado borracho y siento que estoy por perder la cordura, entonces mi cabeza comienza a repetir una y otra vez la estrofa de alguna canción, como si ésto fuera lo único que me mantiene aferrado a éste plano existencial. Entonces estoy ahí, soportando las convulsiones de un estómago que no tiene nada más que vomitar, y cantando.

Comencé a correr y a lamentarlo; había partes con demasiado lodo y otras con excremento de perro. Mis pulmones ardían y ni siquiera tenía fuerza para mantener mis brazos a la altura del pecho porque, según yo, así es como corre la gente. Comencé a correr con los brazos caídos.

Llevaba dos vueltas y tenía nauseas. La cara me hormigueaba. No quería vivir ni tampoco morir.

Terminando la tercera vuelta me percaté de que en una de las bancas había dos hombres mayores, o más bien viejos, hablando. Uno estaba sentado y frente a él estaba el segundo en una silla de ruedas. La imagen de sus piernas inertes me golpeó el cerebro.

Toda la energía volvió a mi en un segundo, sentí mis músculos oxigenarse y tensarse de una forma innegablemente viril. Sentía el júbilo y la excitación de haber asesinado a 600 dioses.

Corrí 5 vueltas más a toda velocidad e hice planes para el futuro. Me sentí agradecido con mi vida y con las flores. Decidí detenerme e ir a casa.

Después de todo ya había humillado suficiente al anciano en la silla de ruedas.

 

Tercera persona

Posted in Cuento with tags on 12/06/2017 by Angel Bloodjunkie

Una mala, o quizá, la peor idea, es la de aderezar la tristeza con una resaca.

De unos años para acá, él se preguntaba si todas las personas tenían esta especie de depresión post-fiesta. Una tristeza inexplicable que parecía llegar a equilibrar la dicha despreocupada de la noche anterior. Parecía tener sentido, pero no se lo había preguntado a nadie.

A pesar de que la desdicha ya estaba presente, y aún después de varios intentos fallidos, la noche anterior había logrado alejarse de todo aquello que no era inmediato ni tangible, de dolores y anhelos. Todo en compañía de sus amigos y tanta cerveza como habían podido cargar.

Al día siguiente despertó aún borracho, y el olvido del que había gozado logró extenderse hasta la tarde, hora en que llegó a su casa. Recordó que ella le había buscado el día anterior y él la había ignorado. Ni por desinterés ni por olvido. Tenía un mal presentimiento.

La música comenzó a sonar:

You killed my love

And you did it so thoroughly

The effects of this tragedy

You’ll just never know

Sintió algo frío y punzante a través del pecho. Pretendió desconocer la razón y logró dormirse rápidamente.

Se vio bendecido con la gracia de un sueño mudo, ciego y sordo. Un sueño hermoso porque no era sueño, sino un coqueteo con la muerte. Un momento de vida estéril y sin significado. Logró extenderlo hasta la media noche, cuando ella llamó.

You killed my love

With admirable expertise

Brought it down to its shaking knees

And delivered the blow

Ella le preguntó sobre su día. Era algo que a nadie le importaba. Él sintió vértigo y miedo, pues era su turno de preguntar. “¿De verdad quieres saber? No tiene sentido, ¿no es cómo flagelarse?” le decía ella. Y era cierto, en parte, pero para él tenía todo el sentido del mundo. Él insistió, tenía que saber. “Ya sabes que soy como Clive Owen en Closer”.

Because I’m a fucking caveman!

“Sí, pero él se queda con la chica”, le respondió.

You killed my love

A love you call a fantasy

I believe that you wanted me

And that you were my own

Él intentó explicarle: “Necesito que me cuentes éste tipo de cosas, así eventualmente es posible que pueda amasar cierto rencor hacia ti y dejar de sentirme de la forma que me siento. Dejar de quererte”. Ella rió. Él escuchó la voz de Ovidio:

Entonces quiero, me esfuerzo en vano por odiar lo que me veo forzado a amar; entonces querría estar muerto; pero contigo.

Ella estaba enamorada. De alguien más, por supuesto. Era un amor triste y largo. Sin consideración ni respeto. Envuelto en mentiras y traición. La habían llamado y ella había acudido sin reparo alguno. Sin explicaciones, sin disculpas. “Como si nada hubiera pasado”. Ella le era incondicional.

Para ese punto ya le era imposible a él dilucidar si le era más doloroso el rechazo por sí sólo, o que la razón fuera aquel otro, justo bajo esas circunstancias. Quería estrangularla. Gritarle. Hacerle entrar en razón mediante la lógica o su amor, por diversas que ambas armas fuesen. Pero ella le había dicho desde el principio cómo eran las cosas.

You killed my love

Without conscience or sympathy

Stripped my heart of its dignity

And demolished my pride

Continuaron hablando toda la noche, como solían hacerlo. Parecía simple de nuevo. Lo hubiera sido de no ser por los repentinos pensamientos que llegaban a él como espasmos. Tenía que detenerse y suspirar, pues ella se había convertido en una bocanada de aire fresco en su sofocante vida, y ese era justo el aire que ahora le hacía falta.

Se acercaba el amanecer, cosa que a él le aterraba. Decidieron irse a dormir. Él se esforzó por no dejar escapar ninguna palabra de más y lo logró. Después logro esquivar las flechas envenenadas de sus pensamientos y consiguió dormirse nuevamente, pero ya no corrió con tanta suerte.

You killed my love

You just stood there and watched it die

You’ve committed romanticide

Of the highest degree

Su inconsciente, sorteando la realidad, lo envolvió en un sueño tibio y aromático. No era el primero que tenía así, sino que parecía más una secuela de los sueños que había tenido durante todo ese último mes. En él había música nunca escrita, que acompañaba palabras nunca dichas. Miradas jamás advertidas y labios que se encontraban con cuellos de la forma más natural posible.

Pocas horas después desembarcó de su sueño y cayó de cara en el muelle de la realidad, el cual en ese momento se encontraba particularmente frío y fétido. Fue el despertar más difícil que tuvo en mucho tiempo. Supo que todo había terminado.

You killed my love

But through it all I never cried

When you said you weren’t satisfied

With an asshole like me

La música se detuvo.

La vida era silencio de nuevo.

Helljunkies

Posted in Cuento, Estúpido on 29/05/2017 by Angel Bloodjunkie

Ella hablaba con una voz que no me molestaría escuchar un domingo por la mañana mientras el sol tuesta la piel y las libélulas vuelan muy cerca del agua.

Hablaba con pocas pausas, porque pausas eran de lo que estaba harto en mi vida y ella lo sabía. A momentos usaba una palabra que sobresalía de entre las demás, como una perla arrastrada por el agua salada, corta y discreta, que carecía casi por completo de significado, pero que me hacía sonreír por dentro cada vez que la escuchaba. Era como si un diamante hubiera terminado incrustado en el caparazón de una tortuga. ¿Cómo había llegado ahí? ¿le había dolido? ¿sabía lo hermosa que la hacía ver?

Yo nunca podría atreverme a decírselo, no debía. De saberlo, quizá ya nunca la diría igual, quizá pararía de decirla sin darse cuenta. Eso me aterraba profundamente…

Ella seguía hablando y yo escuchando. Su voz me seguía susurrando aún cuando había acabado de hablar. Sus ojos me prometían cosas que no me atrevería a pedirle a nadie.

De pronto, sus palabras me hablaron, no sólo al oído sino al corazón, el cual, al encontrarse hinchado y dichoso, terminó por abrirse para dar paso al sonido de su voz:

“Yo no estoy aquí”.

No pude creerle. No quería hacerlo.

Angustiado, me acerqué y extendí mi mano para tocar la suya, que reposaba sobre la mesa. Mis dedos pasaron de largo y dieron con la madera.

Ella era sonido, más bella que cualquier otra nota que hubiera escuchado, pero igualmente imposible de asir.

Si no estaba aquí, ¿en dónde estaba? ¿qué estaba viendo? ¿qué era lo que escuchaba entonces?

Quizá sólo veía su luz, como la de una estrella que solía estar viva hace miles de años. Tal vez sólo escuchaba su voz como la de un lírico griego que revive cuando paseas los ojos por sus versos. Entonces, ¿cómo alcanzarla?

No, tenía que estar viva aún, o nada más podía estarlo. Podría sólo estar atrapada en el pasado. Tal vez no podía volver, pero yo la esperaría. ¿Cuánto tiempo? Para siempre. Pero nada es para siempre. Pero yo lo haría.

Sostendría el puente por un sólo lado, lloraría con un sólo ojo, besaría con un sólo labio. Me mutilaría.

Pero, ¿y si no quería volver? ¿Seguiría escuchando el eco de su voz?

Sí, la escucharía, y mientras la noche se tornara más oscura y más queda, la escucharía aún más cerca: “Yo no estoy aquí”.

Lo sé porque Alex lo sabe

Posted in Cuento, Humor, Video Games on 09/04/2017 by Angel Bloodjunkie

Era un jueves. O un viernes. Las 4 o 5 de la tarde. Era el tipo de día en que no se está muy seguro de nada.

Eduardo caminaba por el departamento. Estaba emocionado. O nervioso.

—Hace ya una hora que le envié el mensaje invitándola a salir. Va a contestarme en cualquier momento…

Alex estaba sentado en el sillón jugando videojuegos. Era probablemente su tercer día jugando ininterrumpidamente. Bebía de una botella de cerveza tamaño familiar. Se preguntaba si las familias hacían eso seguido.

—Eres patético—tomo la botella por el cuello—, la gente lleva consigo su celular hasta para cagar, si tuviera intenciones de siquiera decirte que “no”, ya lo habría hecho… ¿ya te dije que eres patético?— Inclinó la botella hacia su boca y bebió.

Eduardo seguía caminando de un lado a otro del pequeño departamento como si no hubiera escuchado. Pero sí lo había hecho. Terminó por sentarse en una silla del comedor y comenzó a jugar con las servilletas.

—Puedo atrasarme un poco con la renta de este mes y llevarla al cine, o tal vez a comer. ¿Qué podría gustarle más?

Alex midió mal el salto y no alcanzó a caer en la plataforma final del nivel. En la pantalla se leyó “GAME OVER”. Le dio otro trago largo a la cerveza y dijo en tono irónico: —Oh, no lo sé, podrías preguntarle a su prometido. Sí recuerdas que tiene un prometido, ¿no?

Eduardo se levantó de la silla y caminó hacia la ventana. Estaba bañado y perfumado, y llevaba la playera que, según él, se le veía mejor.

—Sólo necesito tiempo, eventualmente se dará cuenta de que mi amor es tan profundo como sincero.

Alex hizo una mueca.

—Tienes la cabeza “profundamente” insertada en tu propio recto, ¿cómo puedes no darte cuenta?

Eduardo contemplaba las nubes y esas pequeñas casitas prendadas de las faldas de los cerros.

—Le he escrito un poema, ¿quieres escucharlo?

—¿Qué eres autista?

Eduardo sacó de su bolsillo una hoja de cuaderno doblada en cuatro. Se apresuró a desdoblarla y, mientras lo hacía, uno de los bordes le cortó la yema del pulgar derecho. Alex lo sintió.

—Si he de velar mil noches, si he de correr mil días…

—¿Es en serio?

—Si he de prenderme fuego y sellar todas las salidas…

—Detente—. Alex perdía la paciencia.

—Si he de añorar tus manos, si he de rogar tus besos…

—No—. La vista de Alex se nublaba.

—Si he de vender mi alma, si así me darás consuelo. Si he de lleva…

—¡Cállate! —Alex soltó el control —En serio que eres imbécil. No va a “darse cuenta” de tu amor. Lo sabe, lo sabe y no le importa. Mientras tú fantaseas ella probablemente está teniendo sexo con su novio. Tú estás solo y demasiado asustado para entender que estás jodido desde que naciste en un mundo triste y sin Dios. Sin significado ni propósito, en donde terminarás por morir y ser olvidado, y tampoco tendrá ninguna importancia. Así que puedes empezar por aceptarlo y callarte.

Tomó nuevamente el control. Estaba lleno de sangre.

Eduardo seguía mirando por la ventana como si no hubiera escuchado. Aún si no lo hubiera hecho, lo sabía porque Alex lo sabía.

Sonó un mensaje en su celular.

Era su casero pidiendo la renta.

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