Durante un largo tiempo(el suficiente), me he dedicado a pensar en la forma en la que nos preocupamos/interesamos en otras personas.
Ese pequeño, frío y mezquino ser dentro de mi siempre me ha reprochado mi interés por otros, ese momento del día(o noche) en el que no hago otra cosa más que lamentarme los problemas ajenos, acongojarme con sus desgracias, ocuparme de sus problemas.
“Como si no tuvieras suficiente con los tuyos”, dice él, mientras se tumba en el sillón con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
Aveces le doy la razón, en parte, ¿No sería todo más sensillo?
En si, me parece que a final de cuentas todos nuestros problemas tienen origen en la relación(o falta de ella) con otros. Y ahí es donde mi CPU encuentra el primer error:
No podemos simplemente separarnos de todos, no podemos meternos en una de esas bolsitas individuales para sándwich y pretender que no hay nadie alrededor.
Nuestra naturaleza es relacionarnos, de una u otra manera y no podemos evitar sentir pena, o tal vez hasta lástima por ese pobre hombre al que golpearon en la ingle con un coco… Mal ejemplo.
Es raro saber que siempre va a haber alguien por quién preocuparse, aún si no tuviera hijos o familiar alguno.
No puedes esperar pasar un buen rato en el cine con alguien, reírte de su chiste, sujetar su mano o hasta besar sus labios y después pretender que no te afectan sus problemas.
Simplemente no puedes ser menos humano.


Una bonita foto de mi perfil, dónde puede apreciarse la sección de mis películas favoritas (que no he cambiado desde hace como 1 año…)







